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Tras la relativa decepción que supuso el crossover House of M, lo cierto es que la llegada de un nuevo crossover multitudinario no parecía que fuera a ser bien recibido, sin embargo, en cuanto se supo la premisa y el equipo creativo de Civil War, las expectativas fueron aumentando, y es que Millar parecía a priori más capaz que Bendis, para manejar este tipo de situaciones que requieren más fuego de artificio, algo en lo que Millar es un experto, y por otro lado la base de la que partía Civil War , es mucho más interesante que la de House of M (ciertamente una de las más interesantes de los últimos tiempos de Marvel, aunque también de las más peligrosas, aunque eso es otro tema), la idea sobre la que se sustenta Civil War, es la siguiente, tras una serie de acontecimientos “problemáticos” el gobierno de los USA decide por fin tomar cartas el asunto de los superhéroes y pretende obligar a estos a entrar a formar parte de la llamada Acta de Registro de Superpoderes (o algo así) donde todos los meta humanos, han de desvelar sus identidades secretas (en caso de tenerlas) y la naturaleza y alcance de sus poderes; la idea en si no es excesivamente novedosa puesto que ya Claremont en los 80 había ensayado algo parecido con el Acta de Registro Mutante, pero a diferencia de aquella (de claros matices racistas), esta nueva situación presenta dos diferencias, una, ahora es a todos los meta humanos y no solo a los mutantes a los que se les exige el registro aludiendo motivos de seguridad (no en vanos los seres superpoderosos pueden ser bombas ambulantes) y otra (la más fundamental), esta decisión gubernamental divide a los superhéroes en dos bandos irreconciliables, cuya discusiones no se quedaran solo en el plano ideológico sino que irán más allá, un bando liderado por Iron Man se muestra proclive al registro y otro liderado por el Capitán América se muestra contrario (aludiendo la defensa de los derechos civiles de los meta humanos).
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