Por fin se ha puesto a la venta el segundo número de esta nueva andadura editorial de la felina fatal, Catwoman. Como sabrán, la nueva fórmula que Planeta de Agostini ha aplicado al título implica una periodicidad trimestral, así que la espera entre número y número se nos ha hecho casi eterna…

Con todo, la espera ha merecido la pena: tres episodios prácticamente intachables, que se leen con emoción e interés crecientes. Sean o no seguidores del personaje, si los vigilantes enmascarados son lo suyo es bien probable que esta serie les enganche… si es que no lo ha hecho ya.
Si quieren conocer algunas de las claves de una de las mejores series DC que se publican en la actualidad -sin spoilers-, ya saben, sólo tienen que hacer un click.
En primer lugar, recordamos que el número anterior de la edición española coincidió con el evento Un año después surgido tras las Crisis Infinitas: un salto temporal que nos sitúa, en el caso que nos ocupa, en una situación que incluye varios cambios en el mundo de Selina Kyle, algunos de importancia más que fundamental. Pfeifer consigue sacarle mucho partido a dichos cambios, comenzando por el planteamiento narrativo que está siguiendo la serie. Así, tenemos básicamente dos líneas argumentales que se van entrecruzando: una tiene lugar tras el salto de un año, formando la trama a la que se dedica el grueso de las historias. La otra se desarrolla en flashbacks repartidos en los diferentes episodios, y va mostrando escenas ocurridas durante ese año “perdido”. De este modo, los cambios con los que nos encontramos tan pronto nos introducimos en la historia se convierten en enigmas que los flashbacks van desvelando progresivamente. Además, el cambio de escena cumple otra función narrativa, y es que Pfeifer los intercala hábilmente para retrasar la resolución de escenas cruciales (cliffhangers); recurso tan “de manual” como efectivo.
Por otra parte, los personajes son otro de los elementos principales del interés de la serie. Pfeifer ha aprovechado -y muy bien, por el momento- el reparto habitual de secundarios que utilizara su antecesor, Ed Brubaker, en la serie: Holly Robinson, Slam Bradley y su hijo, Karon y Wildcat, básicamente. Al menos uno de estos personajes tiene ahora un protagonismo esencial, como sabrán quienes hayan leído siquiera unas páginas del número anterior. A estos personajes se añaden algunos nuevos, como un policía obsesionado con Catwoman o cierto villano cinéfilo. Otro villano visto anteriormente por la serie continúa dándole problemas a Selina… y no sólo a ella.
Pfeifer mueve con gran habilidad a todos los personajes, teniendo bastante claro -más, sin duda, que al principio de su etapa- hacia dónde quiere ir. Los diálogos -y algún monólogo de villano de vieja escuela- resultan creíbles, las reacciones de cada uno los caracterizan de manera coherente, la evolución sufrida por algunos de ellos consecuente con lo que sabíamos: en suma, no hay personajes out of character, defecto tan corriente últimamente en el género.
A los hábiles recursos narrativos y el correcto tratamiento de personajes hay que sumarle una trama adictiva y emocionante, que obliga prácticamente a devorar una página tras otra sin que el interés decaiga en ningún momento y que deja con auténticas ansias de saber qué ocurrirá a continuación. En parte, es una lástima que no se publique a razón de un episodio mensual, puesto que los cliffhangers suelen ser de infarto… por no decir que, como ya apuntábamos más arriba, la espera de tres meses se ha hecho casi eterna.
Y no menos meritorio que el guión de Pfeifer resulta el excelente dibujo de David López y Fernando Blanco. Si en la entrega anterior ya me llamó la atención el cuidadísimo dibujo de los españoles y la espectacular evolución -a mejor- de López respecto a su anterior Ángel Caído, ahora, tras seis entregas mensuales, puedo decir que estoy realmente admirado de que haya sido capaz de mantener, si no mejorar, el nivel tras tanto tiempo sin tomarse descanso alguno. No es sólo que sus dibujos sean agradables, sus fondos trabajados y su narrativa limpia y comprensible; es que, además, López se permite forzar todo tipo de perspectivas y encuadres -tanto mete picados y contrapicados desde ángulos imposibles como, con la confianza en su dibujo de un auténtico maestro, se permite acercar o alejar la “cámara” tanto como la escena lo requiera, sin temor a los planos generales que obligan a demostrar su dominio de la anatomía humana y del dibujo arquitectónico-. La composición de página es tan variada como fluida, y hay que pararse a analizarla para darse cuenta de lo imaginativa que es y lo bien resuelta que está. López dibuja de todo y todo lo dibuja bien, favorecido por las tintas de Blanco, muy limpias y detalladas, y el color de Jeromy Cox, que, con no tapar la labor de los dibujantes, ya tendría una labor meritoria.
En resumen, vuelvo a lo que decía al principio: una de las mejores series del universo DC actual, en mi opinión -desde luego, la que más le gusta a un servidor-. Tiene todo lo que se le puede pedir a un tebeo de vigilantes enmascarados, y más todavía: emoción, intriga, personajes memorables, acción y entretenimiento del bueno. No será la serie más popular del panorama mainstream, pero sí que ha llegado a ser, gracias a la labor de dos guionistas en estado de gracia como Brubaker, antes, y Pfeifer, ahora, una de las más agradecidas de leer. Yo que ustedes le daría una oportunidad a la gatita.
Por cierto, ¿he mencionado las portadas de Adam Hughes?
Batman presenta 4: Catwoman 2.
Guión: Will Pfeifer. Dibujo: Álvaro López. Entintado: Fernando Blanco. Color: Jeromy Cox.
Edición Original: Catwoman Nº 56 a 58 USA
Fecha Edición: septiembre de 2007
Formato: Comic-book, 72 págs.
Precio: 4,95 €
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